El arte del buen vivir.
La grecia antigua, la época helenística y los primeros tres siglos del Imperio Romano son testigos de un florecimiento cognitivo impresionante y de un saber que iba más allá de la pura y abrupta erudición. Este impulso vital atravesó toda la historia hasta nuestros días y no pocos filósofos y pensadores se vieron impactados intelectual o existencialmente por las enseñanzas de este saber.
Existió y existe algo especial en el legado griego, quizás un encuentro descontaminado con los orígenes del pensamiento, con el descubrimiento de la autoconciencia o con la práctica de una autorreflexión que se multiplicó en gran medida. La pregunta que surge es: ¿Porqué sigue teniendo vigencia esta filosofía? El filósofo Pierre Hadot sostiene que lo que les otorga vigencia a los modelos antiguos es una larga experiencia vivida durante siglos y las largas discusiones en torno a estas experiencias.
Por su parte Nietzsche argumentaba que las escuelas morales griegas eran como laboratorios experimentales respecto del arte del buen vivir. Hay una serie de constantes universales del buen vivir: paz interior, libertad interior, la obtención de la felicidad, intentar una comunión con el cosmos, que se han sostenido a través de los tiempos. Aquellos hombres y mujeres que lograron mantener sus elecciones de vida de manera coherente, indicaron un camino, una inspiración que sigue siendo actual.



